Antoine de Saint-Exupery
Sadhu en Jaisalmer, India
Pronto la idea de que India es un país pacífico y místico se esfuma al enfrentarte a la agresión de olores, ruidos y suciedad que esta república de 1.100 millones de almas desprende. El aparente caos en el que viven sus ciudadanos, con la colaboración de burros, vacas sagradas, monos, cerdos y demás fauna pseudo-doméstica que campa sin orden ni concierto, enfatiza sin duda esa sensación de haber caído en un planeta extraterrestre. El choque cultural es muy fuerte, y uno no acaba de sentirse parte de la fiesta en ningún momento. En la India sientes como si tú solo estuvieras luchando contra los mil millones de indios, a los que percibes oponiéndose a ti de una forma silenciosa. No sorprende el que el imperio británico tuviera que ceder la independencia a India ante la “revuelta pacífica” de Gandhi. Es como si estuvieras viendo una película en la que sólo participas cuando uno de los actores, con esa mezcla de timidez e indiscreción que atesoran los indios, se te acerca para interrogarte sin preámbulos sobre tu vida privada (el camarero se aproxima amable pero casi nunca sonriente y te sirve un curry en una plato dudosamente limpio y te pregunta: “¿tenéis hijos?”. Si tu respuesta es negativa tu interlocutor te dirigirá una intensa mirada de incomprensión y un “¿por qué?” que suele contestarse con una risita nerviosa).
Referirse a India como un todo indivisible sin posibilidad de matices es desde luego impreciso, aunque lo cierto es que al menos Rajastán hace justicia a todos los tópicos existentes. El sincretismo de India incluye desde hindúes a musulmanes pasando por judíos, budistas, sijs y jainistas. Es un crisol de religiones, y también de accidentes geográficos: el desierto del Thar, el Himalaya, un litoral de 5.500 kms de largo y un río tan místico como el Ganges… Es curioso como esa multiculturalidad convive con un rígido sentimiento tradicional; las ideas y costumbres de inmigrantes e invasores no acaban de calar, como la lluvia que resbala sobre una superficie impermeable.
Una de las cosas que más nos llamaban la atención de India era la posibilidad de imbuirnos de su ferviente misticismo. Más que esa pretendida sincera y ardorosa religiosidad encontramos una devoción un tanto folklórica. ¿La religión como una ventana a la esperanza? Los hindúes creen que todos los seres vivos estamos condenados a un infinita existencia de reencarnaciones, y eso se percibe en su paciente autocomplacencia, como el que sufre su pena con estoicismo esperando que quizás en la próxima vida habrá más suerte.
Curiosamente la indolencia india se transforma en frenesí cuando se ponen a los mandos de sus vehículos. Si bien alquilar un coche con conductor es la forma más típica de recorrer la India, uno no debe perder la oportunidad de disfrutar del exótico espectáculo del viaje en tren…




yo en la India encontré lo que buscaba y me sobrepaso: buenos momentos. Aunque cuando me iba dije:uf ya tenía ganas de ir a otro sitio.
Aún así no se si caeremos en Julio por la zona de Leh. Nunca se sabe el hombre no aprende nunca, ¿o a lo mejor nos engancho India?.
Por: dpingo el 29 diciembre 2009
a las 23:50
Creo que estamos de acuerdo. India es espectacular y desde luego volveremos, pero es un lugar donde no acabas de sentirte como en casa. En Uganda, por ejemplo, estuvimos 1 mes y podíamos haber estado 6. Te sientes parte del cuadro. En India no acabas de quitarte la sensación de ser forastero, de verlo todo desde afuera, y cuando te vas dices “uf ya tenía ganas de ir a otro sitio”. En cualquier caso, mi post aplica menos al sur de India y menos aún al norte, hacia Leh o Nepal. Sin duda India no te deja indiferente… lo cual no deja de ser el objetivo último de Viajar.
Por: alvargua el 31 diciembre 2009
a las 10:30